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Hace tiempo se creó un blog llamado “La Taberna Ilustrada” entre tres amigos que querían escribir (bueno, y dibujar y actuar y, a veces, incluso usarlo para ligar). Tras un intenso periodo de actividad que duro aproximadamente tres semanas, en las que se crearon muchas cosas, por desgana o por despiste todo quedó en el olvido y nunca se recuperó. Aquí os dejo el enlace: La Taberna Ilustrada

Ahora uno de ellos, el que suscribe, lo ha resucitado en solitario. La intención no es otra que compartir las tonterías que puedan llegar a salir de mi cabeza (quizá obligar a que salgan); incluso convencer a alguno de los antiguos componentes que colaboren y suban un poco (tampoco mucho) el nivel del blog.

miércoles, 11 de enero de 2017

Amy - Prólogo (2/2)


-Descenso-

La puerta se encontraba ante ella. Al igual que todas las puertas en El Templo era completamente lisa y negra, de un negro que no reflejaba la luz, absorbente, hipnótico… Pero Amy ya estaba acostumbrada a aquella sensación y no se dejó atrapar. No era extraño ver a alguna de las chicas nuevas paradas delante de alguna puerta sin pestañear. Se decía que si no te acostumbrabas rápido podía llegar un día en el que nadie podría despertarte; que había una sala entera llena de chicas paralizadas como estatuas. Nunca había visto nada parecido pero…

Desechó aquellos pensamientos y empujó la puerta. En realidad, no sabía si se abriría. No había ninguna cerradura o picaporte. Nunca había visto a nadie entrar ahí. Siempre que alguna de las novatas intentaba entrar la madera no se movía ni un milímetro. Sin embargo, allí era donde se dirigían las nuevas sacerdotisas una única vez en toda su vida: se entraba una vez, se salía como sacerdotisa y nunca más se regresaba.

Estaba sola. Nadie la acompañaba. Se entraba sola y se salía sola. El octavo cumpleaños tras la llegada al Templo y Amy no sabía de ninguna chica que no hubiese acudido a la cita. Daba igual que hubiese llegado al Templo con diez años o con setenta. Todas habían pasado por aquel umbral antes que ella. Alargó la mano y sintió la madera cálida bajo la mano. Parecía palpitar, como si estuviese viva. Empujó ligeramente y la puerta se abrió sin ningún esfuerzo, casi como si alguien la estuviese abriendo para ella. Ni un solo ruido. Intrigada, pero no asustada, atravesó el umbral. Al otro lado la esperaban unas escaleras de caracol. Los escalones parecían esculpidos en la misma roca y sólo encontró una fina cuerda clavada a la pared como sujeción. Aferrándose a ella comenzó el descenso…

Parecía que llevase horas bajando, escalón tras escalón, paso tras paso. Más de una vez se había resbalado sobre los traicioneros peldaños y la mano la sangraba de agarrarse a la cuerda. Pero ella seguía, tozuda, seria y con la mirada puesta tan sólo en el siguiente escalón. Su cuerpo ya no respondía a su voluntad y aun así seguía, como un autómata. Justo cuando iba a sentarse a descansar, se dio cuenta que hacía unos minutos que no sentía el balanceo de la bajada y que andaba por un pasillo completamente liso y recto. Levanto la cabeza del suelo y allí, a unos pocos metros, casi al alcance de su mano, había otra puerta entreabierta. Se acercó y la empujó.

Por un segundo pensó que se había quedado ciega. Una luz blanca brillaba por todos lados, la envolvía, la elevaba. Miró a su alrededor. Todas las paredes estaban cubiertas de cristal que dejaba pasar la luz del… ¿Del Sol? ¿Bajo una enorme montaña a cientos de metros bajo tierra? Se acercó a uno de los extremos de la sala pero el resplandor era tan intenso que sólo pudo avanzar unos metros sin tener que cerrar los ojos. Quedándose ciega no iba a contestar a ninguna de sus preguntas así que se dirigió al centro de la sala. Allí había un pequeño altar. Amy se dio cuenta con sorpresa que era idéntico al que se encontraba a la entrada del Templo. En este no había ningún libro. A primera vista parecía estar vacío, pero si lo mirabas desde el ángulo adecuado se vislumbraba una esfera de cristal que, sin saberse muy bien cómo, se mantenía en equilibrio encima de la roca. Se colocó a escasos centímetros pero no se atrevía a tocar el hermoso adorno. Dio vueltas a su alrededor observando como aparecía y desaparecía dependiendo de cómo la luz incidía sobre él. Finalmente alargó la mano y lo acarició suavemente con la punta del dedo. Ante su sorpresa la esfera estalló en mil pedazos obligándola a cerrar los ojos…

Abrió los ojos por segunda vez para encontrarse a un hombre de mediana edad justo delante suya. Se echó hacia atrás asustada y busco algo para defenderse, pero la habitación estaba desierta. El hombre sólo sonrió y se quedó donde estaba.
-¿De dónde has salido?-le increpó.
-No creo que esa sea la pregunta… Pero si quieres saberlo, siempre estoy aquí.
-¿Eres el encargado de la prueba?-preguntó Amy menos recelosa ahora que veía que el hombre no hacía ningún movimiento.
-Es una manera de decirlo. Aunque prueba no es la asignación adecuada.
-Creo que no te entiendo…
-Y yo creo que sigues sin hacer las preguntas adecuadas.
-¿Cuál sería la pregunta adecuada?
-Presentarte y preguntar mi nombre sería un comienzo muy prometedor para el inicio de una buena relación.
-Y eres…
-Sigues olvidando la educación y el buen hacer… Esta juventud… Mi nombre es irrelevante, he tenido y tengo muchos. Pero puedes llamarme Bob. Será más cómodo.
-¿Bob? ¿En serio?
-Sí. Ahora tendrías que corresponderme e indicarme cómo debo dirigirme a ti.
-Amy…
-Bien, Amy -la cortó- ¿Sabes por qué estás aquí?
-Porque llevo ocho años en El Templo y debo convertirme en sacerdotisa.
-Sí… y, de nuevo, no. Aunque siempre se han extendido muchos rumores acerca de lo que pasa aquí, no existe tal prueba.
-¿Y el resto de sacerdotisas?
-¡Ah! ¿Has oído alguna vez decir algo sobre una prueba?
-No, la verdad es que no, pero…
-Entonces cómo sabías que serías… probada.
-Me lo imaginé.
-Ah, la imaginación… Esa gran herramienta, pero que traicionera es. Ha creado y destruido alguna de las cosas más bellas de multitud de mundos. Aún recuerdo lo bonitos que fueron aquellos fuegos artificiales. Si hubiese sabido lo de las partículas, las cuerdas, los gatos indecisos y todo lo demás…
-¿Qué quiere decir?
-Quiero decir que incluso yo soy parte y creación de la imaginación.
-Eso es aún más confuso… No estoy segura de que fuese eso lo que querías decir.
-¡Entonces no hablemos más de ello! Volvamos a lo que nos ocupa: el porqué de tu presencia en esta sala. Porque, aunque a medias, has acertado. Vas a convertirte en algo.
-¿Sacerdotisa?-preguntó ilusionada
-No, no, no vas a ser sacerdotisa. Créeme, está sobrevalorado.
-Pero…
-Pero nada. Tu  destino es mucho más alto.
>>Normalmente las chicas pasan por aquí –explicó mientras daba vueltas sobre sí mismo-, ven una sala a oscuras, tienen su visión, su trance, su momento de gloria, como quieras llamarlo y salen de aquí con un propósito y un conocimiento mayor al que tenían antes. Si hasta se pusieron ese absurdo nombre de sacerdotisas ellas solitas. Pobres ilusas…
-¿Y yo?
-Tú has visto la luz y la esfera.
-¿Eso es raro?
-Bueno… Depende lo que entiendas como raro. En teoría, y sólo en teoría, cualquiera de las que vive en el templo de ahí arriba tendría que poder verlo. Así que raro, raro… No es. Pero al final todo es raro. La culpa es vuestra, pero luego el que se aburre soy yo.
-Eh… ¿Qué me va a pasar?-preguntó Amy cambiando de tema.
-¿A ti? Nada… Nada malo al menos.
                -Eso no suena nada bien.
                -Verás… En teoría, y repito, sólo en teoría, cuando una iniciada bajaba aquí, hablaba conmigo y recibía un rol en la creación. Pero… Bueno, los humanos habéis ido sustituyendo ciertas cosas por ciencia y conocimiento… Las lluvias, los rayos, la agricultura, el sexo… Ya no hay cabida en ello para la superstición. Las sacerdotisas no tienen nada que hacer. Sólo vivir en El Templo, ayudar a quien puedan con los pocos poderes de los que disponen y seguir formando adeptas. Ya ni siquiera salen al exterior. Todo muuuy aburrido. Qué tiempos aquellos los de los sacrificios y las orgías rituales. Es una pena…
                -Eeeeeh…
                -Amy, te lo he dicho. Vas a ser una representante de Dios en el mundo. ¡Como en las mejores películas de Hollywood! No te entretengas con los detalles.
                -Espera, espera… ¿Qué es…? ¿No puedo negarme?
                -Por supuesto que no. Has bajado a este lugar y ya no hay marcha atrás.
                -¿Qué me pasará?-preguntó asustada.
                -Desempeñarás un noble papel, abandonado durante mucho tiempo… Su último representante era un chico muy amable que se dedicaba a la pesca de rio, con su barca y su pértiga… Tuvimos que echarle, empezó a cogerle un gusto muy raro a las monedas… Nunca tuve muy claro por qué esa afición a la numismática. Creo que se tomó su trabajo demasiado en serio y acabó afectándole.
                -Pero eso no responde a mi pregunta.
                -¡Vaya, pues tienes razón! Lo siento, a veces divago un poco y mi mente se dispersa. Cosas de la edad, vivir en varios planos al mismo tiempo, demasiada literatura fantástica… Lo típico. Supongo que deberíamos empezar, ¿no?
                -Pero…


                El hombre alargo su mano y la tocó con un golpecito de su dedo en medio de la frente. Una corriente de energía la recorrió y sintió como se elevaba del suelo. Cayó como un fardo sobre sus rodillas, lastimándose... 

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